Existen muchos hermanos y hermanas que están en el paro. Y esperan una oportunidad que no llega, para rehacer sus vidas y las de sus familias. Y otros muchos hermanos están sometidos a trabajos duros, con excesivas horas y con muy bajos salarios. Esta situación nos lleva a preguntarnos por la situación laboral de cada uno de nosotros, ante los planteamientos de la segunda carta a los Tesalonicenses. “Algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada”.
Y, esto nos obliga a plantearnos: Y tú, ¿en qué situación te encuentras? ¿Acaso vives muy ocupado en ‘no hacer nada’?. O, quizás, ¿vives obsesionado, metido en un activismo sin alma, que de nada sirve y en nada acaba? O, ¿vives tan empecinado en el quehacer de las cosas, que dejas que se te seque ‘la fuente que mana y corre’, consiguiendo que todo se mantenga entre la superficialidad y la nada? O, si eres religioso, ¿no te estarás dedicando a buscar el éxito en las cosas de Dios, con tal energía y eficacia, que puedas acabar por no vivir y no gustar lo único que es esencial, aquello que te devuelve la plenitud y te ayuda a pensar en los demás? O, ¿vives dedicado a pasar el rato y a juguetear con las cosas de los hombres, o las de Dios, como si de un puro entretenimiento se tratara? ¿Por qué no dejas de hacer tantos inútiles quehaceres, o de estar metido en tanto estéril activismo, y dedicas tu tiempo presente a mirar con paz los dolores de cuantos te rodean, y también a dejarte mirar, hacer, cultivar y curtir en el silencio?

2. ¿EL TESTIGO BROTA Y NACE, O SE HACE?
Lucas 21: “Tendréis ocasión de dar testimonio”. Es apasionante la tarea de ser discípulos y testigos. Pocas cosas más apasionantes. Testigos en medio de las dificultades, en los días en los que verdaderamente cueste serlo. Pero, sobran: Los testigos de pacotilla, los de escaparate, los de mentirijilla, los de conveniencia, los que ganan cuartos, los de la memoria caduca, los de falsete. Ni el mundo ni la Iglesia tienen necesidad alguna de testigos falsos.
Habrá ocasiones que te fortalecerán, que te alentarán, que te cambiarán la vida. Y habrás de buscarlas. Porque, “quién busca halla”. Cada hombre y cada mujer han de peregrinar y hacer su propio camino. Anda, y se fiel. Mantén los ojos abiertos. No te cierres en ti mismo. Y según avanzas, conoces y desvelas el presente, despójate de prejuicios, miedos y condicionamientos; hasta que un día encuentres al que es EL CAMINO. Y te sabrás transformado en Testigo y en Discípulo. La Palabra, que recibirás y germinará en ti, te encontrará y te conducirá. Y te brotará y nacerá el Testigo que estás llamado a ser. Un Testigo del Señor que se entrega al servicio de los pobres. Y mientras tanto, sirve, trabaja, aprende a amar y déjate envolver por el santo silencio. ¿Por qué no caminas con la generosidad y el apasionado respeto a la vida, propios del Discípulo, constituido en un humilde Testigo de la luz y del Evangelio? El Testigo brota, nace y se hace. Sólo así será posible la profecía de Malaquías: “A los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas”.

3. EL FRUTO MADURO DE LA PERSEVERANCIA
Abres el grifo y hay agua. Pones un euro y hay pan o leche. Coges un catarro y hay jarabe. Necesitas hablar y hay whatsApp. Todo, en esta sociedad del consumo y del poder, rápido, instantáneo, pasajero y eficaz. Y así, te haces a lo fácil, te vuelves impaciente e inconstante, y el vicio de la prisa se adueña de tu mente y se apega a tu piel.
La vida, que no es tan vertiginosa para millones de desposeídos, sin embargo es generosa en sabiduría y alegría vital. El pobre anda kilómetros y pasa fatigas para encontrar agua o alimentos; padece dolores y suda soluciones naturales y trabajosas para sobrevivir, pero tiene el regalo de tener palabras de esperanza, y hermanos que lo escuchen y lo acompañen con sus consuelos, y de aplicarse un saber, que tú desconoces, para resistir en medio del abismo y convertir la condena en alegría. Tú, que vives en la prisa y desconoces la perseverancia en la grave prueba, desprecias o desechas lo que no te satisface inmediatamente, pues tienes poder para ello. ¿Vives feliz en esta vida de prisas, desechos y utilitarismo?
Mira lo que dice el evangelio de Lucas: “Os daré palabras y sabiduría… Ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.” ¿Por qué no te das una nueva oportunidad e intentas un nuevo modo de vivir, ejercitando un trabajo perseverante? Sólo así se te transformará el corazón y la mente. Práctica la escucha, el silencio, el servicio, la entrega, el sacrificio amoroso o el esfuerzo.
No olvides que estás cuidado por y en las manos amantes de tu Padre. Confía en Él, persevera en tu ser de Discípulo y de Testigo, y no te faltará ni lo esencial ni lo necesario. Perseverar en el silencio, la escucha, la alegría de la austeridad y el servicio, te rodeará de un microclima de amor, paz y sanación-salvación, tanto para ti, como para muchos otros de tus hermanos.
Estás, con esos hermanos, construyendo el Reino, un nuevo tiempo de fraternidad, que traerá la liberación a los doloridos, a los injustamente tratados y a la humanidad que mantiene la esperanza. Y aunque no parezca que esto sea posible, por lo que acontece y vemos cada día, es ahí, sin embargo, donde se nutre tu fe, nuestra fe, la que aprende a perseverar en medio de las tormentas.

Antonio García Rubio, párroco del Pilar, en Madrid

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