Kenia y Jomaris son las primeras Hijas de Jesús en la Amazonía. Quizá su destino empezara a soñarse con la Laudato Si y se empezó a hacer realidad después del Sínodo de la Amazonía. La Congregación deseaba colaborar en un proyecto de protección de nuestra casa común, "vivir una ecología integral en comunión con toda la creación, para combatir la pobreza y restaurar la dignidad de los excluidos". Buscó por diversos caminos y se encontró con REIBA (Red de educación Inercultural Bilingüe Amazónica)Kenia también comenzó a buscar en internet y encontró REIBA. En aquel momento, el destino de Yomaris era Venezuela, pero Dios tenía otro camino para ella: la Amazonía peruana.

La aventura comenzó el 28 de enero, ese día dejaron Elías Piña, en República Dominicana, su país natal, para poner rumbo a la Amazonía. Tras un mes en Lima cumplimentando la documentación llegaron a Tarapoto, la primera toma de contacto con el Amazonas. Por tierra, mar y aire siguieron su camino hasta San Lorenzo donde estuvieron otros 15 días preparando la documentación de la escuela. Ahí cogieron una chalupa (pequeña embarcación casera con motor) y durante tres días recorrieron uno de los ríos del Amazonas para llegar el 19 de marzo, día de San José, a la comunidad de las Misioneras de Madre Laura, donde al menos estarán dos años trabajando en escuela. 

Gracias a la tecnología, acortamos distancias para tener una conversación con ellas. Compartimos la primera parte: 

¿Cómo está siendo la adaptación?

Todo es muy diferente. Ahora mismo es invierno, pero hace un calor que no se aguanta. Lo peor son las picaduras de los mosquitos, es lo que más nos está costando. A la comida te adaptas, es mucho carbohidrato, poca vitamina, hay poca fruta, a veces aparece un coco y alguna papaya, algún limón también. Las costumbres son muy requetediferentes, nos cuestan algunas cosas. Las personas son tímidas, no saludan mucho y en nuestro país son muy saludadoras. Les saludamos en su idioma “tasha” y nadie nos responde y eso nos cuesta. Pero ya nos estamos acostumbrando de que es así. Algunos niños nos tienen miedo, no sé si será por el color, porque somos diferentes... Los que nos van conociendo se acercan ya, sobre todo en la escuela.

¿Cómo es el día a día allí?

Kenia: yo doy clases de inglés a los alumnos. Nos levantamos a las 5 de la mañana para la oración personal, a las 6:30 es el desayuno comunitario y a las 7 comienzan las clases. Yo acompaño inglés y en EPT (Educación para el trabajo) en un vivero, animando a nivel ecología. Toda semilla que encontramos la enterramos, aprovechamos todos los deshechos, todo ecológicamente. También acompañamos a los maestros en lo que van necesitando, en la redacción, porque los profesores y el personal tienen dificultad con el castellano. Así es mañana y tarde. También impulsamos la educación intercultural, porque desde REIBA apoyamos la educación intercultural bilingüe y todos los viernes nos reunimos para compartir experiencias. 

Jomaris: Yo también les ayudo por las noches acompañando sus dinámicas antes de acostarse y la lectoescritura y el repaso de contenidos. También ayudamos en la logística, porque solo hay dos hermanas Lauritas aquí. 

 

¿Cómo se organizan las familias?

Las casas son muy grandes, de piso de tierra. Normalmente, cuando la hija de la familia se casa, va su esposo a la casa, así que están varias familias en el mismo lugar, pero tienen fogones diferentes. Existe la poligamia, el hombre puede tener varias mujeres, entonces cada una cocina en un rincón, cada una con sus hijos, mismo espacio pero distinta alimentación. La mujer se ocupa de la tierra, de la chacra (huerta) y el marido caza, busca comida lejos y recolecta. Hacen mucho deporte, tienen canchas por todas las esquinas. La mujer prepara una comida hecha de yuca fermentada que se llama masato, siempre llevan una cubeta llena de masato para brindarle al esposo y a las visitas. 

Cada día se levantan a la 3 de la mañana para la toma del wayus, que es una infusión, como una hojita. Alrededor de ese fuego se hacen las correcciones, se dicen las verdades en la cara, es un momento de consejería familiar. Es su espacio más sagrado, lo que ellos más respetan y los mantiene unidos como familia. Las celebraciones religiosas también son a las 5 de la mañana.

 

¿De qué viven?

Cada familia tiene una chacra. También hay personas que venden sangre de grado, una resina de árbol que es medicinal. La gente cuando necesita comprar se va a San Lorenzo, el pueblo más cercano, y lo vende. Lamentablemente ahora han entrado petroleras y hay mucha gente de la zona que está trabajando en esas compañías que, de paso, están acabando con el río. También crían patos y gallinas.

 

¿Tienen posibilidad de salir de la comunidad?

Muy pocos salen. Algunos van a Lima a estudiar una carrera que dura 6 años, otros van San Lorenzo también a estudiar y otros estudian para militar. Gracias a Dios, algunos regresan, como la técnico de enfermería de aquí. En la escuela se procura que no pierdan lo que son, entonces, muchos de los que son ahora maestros han sido alumnos, salieron a estudiar a Lima y ahora han regresado. Es mucho mejor porque entienden su idioma, el achuar

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