Celebramos la Epifanía, del griego,  "manifestación". En Occidente recordamos la visita de los Reyes Magos, así el Señor se "manifiesta" a los paganos, por lo tanto, al mundo. En las Iglesias orientales esta solemnidad subraya la "manifestación" trinitaria durante el Bautismo de Jesús en el Jordán.

Si en el centro del día de Navidad está el nacimiento del Niño, en la Epifanía se destaca que este Niño pobre y débil es el Mesías, la manifestación de Dios al mundo, el Señor

La Epifanía no sólo manifiesta a Jesús, el Hijo de Dios, sino que revela los corazones, mostrando que el Salvador puede ser acogido (como hicieron los pastores y los Magos) y también rechazado (Herodes). En cada uno de nosotros hay una parte que es como los Reyes Magos y otra que es como Herodes: hay una parte de nosotros que siempre está dispuesta a ponerse en camino, a conocer y comprender, a crecer y mejorar, a superarse; pero también hay un Herodes que siempre está dispuesto a destruir los sueños y las esperanzas. Unos Reyes Magos que nos enseñan que la vida es un viaje que pide ser vivido como Jesús, y un Herodes que nos engaña y halaga diciendo que el éxito y el poder son lo único que vale. (Fuente: Vatican News)

Con la Epifanía se cumple la profecía de Isaías que la liturgia elige como primera lectura: "Levántate y revístete de luz, porque tu luz está llegando" (Is 60,1ss), como si dijera: no te cierres, no te desanimes, no te quedes preso de tus convicciones, no te desmoralices, reacciona, ¡mira hacia arriba! Como los Reyes Magos, mira las estrellas y encontrarás a "la estrella” Jesús.

¡Feliz solemnidad de la Epifanía!

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