Compartimos la carta conjunta de la Hna. Jolanta Kafka, rmi, presidenta de la UiSG y del P. Arturo Sosa, sj, presidente de la USG titulada "Cuidémonos los unos de los otros como cuida de nosotros el Dios Salvador" y firmada en Roma el 29 de junio de 2020, fiesta de san Pedro y San Pablo.

Comienzan exponiendo el motivo de su carta:  

"...hemos sentido la necesidad de COMPARTIR con ustedes nuestras preocupaciones, incertezas y experiencias, de manifestar nuestra COMUNIÓN y ofrecer sugerencias para el DISCERNIMIENTO en este tiempo de gran sufrimiento para toda la humanidad".

Inspirados por el encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús que, incapaces de interpretar todo lo sucedido en Jerusalén, regresan a sus vida de siempre desilusionados y sin esperanza (Lc 24, 13-33; Jn 19,25), van desgranando su carta de la mano del relato evangélico.

 

Él les preguntó: ¿De qué vienen hablando por el camino? (Lc 24,17)

Necesitamos el discernimiento cuando las condiciones que nos rodean perturban nuestra paz y serenidad, y ante eso no tenemos recetas preparadas. nuestros programas y nuestros momentos de encuentro y también los ritmos ordinarios de nuestra vida y trabajo se han visto alterados. Pero en todo esto hemos oído la voz del Señor que nos decía: “¡Ánimo! ¡te envío a recorrer los caminos de este mundo que amo!"

 

"Jesús mismo se acercó y empezó a caminar con ellos " (Lc 24, 15)

Jesús, hoy como entonces, viene a nuestro encuentro y camina a nuestro lado, también cuando no somos capaces de reconocerlo. Nos escucha pacientemente. Jesús entra en diálogo con nosotros para iluminar el sentido de lo que ocurre y, encendiendo nuestros corazones, nos ayuda en nuestro discernimiento con su palabra y su Espíritu.

Es un tiempo, pues, que nos invita a cuidar la escucha, a crear espacios de silencio contemplativo y de intercambio, tanto de reflexiones como de datos concretos, de modo que el discernimiento no sea precipitado ni las conclusiones apresuradas.

Escuchar a todas las generaciones. Escuchar con atención y leer la realidad, lo que está verdaderamente sucediendo. La sostenibilidad de nuestra misión, de nuestras estructuras, debe ser cuidada integralmente, pero el bien más preciado que debemos conservar es nuestra identidad carismática y las personas. ¿Qué espacios de escucha podemos crear para que esto suceda?

"Entonces Jesús les explicó todo lo que había sido escrito sobre él en las Escrituras, empezando con los libros de Moisés y todos los profetas" (Lc 24, 27)

Escuchando la palabra de Jesús, escrutando las escrituras, atentos a las mociones del espíritu santo, llegamos a una encrucijada en la que debemos escoger el camino a recorrer.

Es un tiempo de santa inquietud. Hemos sido privados de proyectos, de bienes y del poder de gestionar nuestra propia vida, nuestras obras y misiones. nos hemos sentido impotentes. esta pobreza e incerteza nos empuja a fiarnos verdaderamente de dios, a aceptar que la inseguridad nos eduque en una intensa búsqueda de dios, a ancorar el corazón en él. esto renueva en nosotros la experiencia sorprendente de los inicios: nuestra vocación y misión nacen constantemente de él. Por esto vivimos en un tiempo fecundo.

"Pero ellos le rogaron con insistencia: Quédate con nosotros, porque ya está atardeciendo. Ya casi es de noche. Entonces Jesús entró y se quedó con ellos" (Lc 24,29)

De modo directo o virtual hemos descubierto la necesidad del acompañamiento recíproco, más allá de nuestra comunidad congregacional: una comunión que sólo crece y da frutos cuando se abre a la comunión eclesial y a la fraternidad humana.

"Entonces se pusieron de pie de inmediato y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los once apóstoles y a los que estaban con ellos" (Lc 24, 33)

Es el tiempo de la comunión, de una conciencia cada vez mayor de la interconexión que existe entre nosotros. También nosotros, como los discípulos, estamos llamados a recuperar el sentido profundo de nuestra vida consagrada.

"¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!" (Lc 24, 34)

Ante tanta negligencia, puesta en evidencia por la pandemia, como vida religiosa queremos poner en marcha procesos que nos lleven a una cultura del cuidado, a través del diálogo profundo con nuestros compañeros y compañeras en la misión porque, con máximo respeto por la conciencia y la vocación de cada uno, se genere un ambiente de discernimiento que pueda iluminar la programación apostólica y pueda contribuir a la misión de reconciliar todas las cosas en Cristo. Cuidar y dejarse cuidar para crecer como vida religiosa en una dimensión universal.

 Lee AQUÍ la carta completa.

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