El miércoles 11 de marzo, día en el que tuvimos el primer encuentro, lejos de la situación que se nos presentaría a los pocos días con motivo del COVID-19, quedamos en que el día 22 de abril nos encontraríamos de nuevo para abordar un tema formativo de los E.E. ofrecido por Juan Pablo Gil, Teólogo jesuita mejicano sobre una “Lectura de los Ejercicios Espirituales por medio de pinturas”

Oportunamente, Jenyfer y Marcela nos comunicaron que este II encuentro, como no podíamos vernos físicamente, lo haríamos de modo virtual a través de la plataforma Zoom.  Calentando antes motores y, ahondando en el tema del encuentro, con la lectura previa de dos artículos que nos propuso Juan Pablo, uno del P. Konvelbach sobre “imágenes e imaginación en los EE. y otro de Luis Martínez “Como si presente me hallase”. Imaginación y fantasía en los EE

Realmente fue bien interesante este encuentro sobre todo porque, más allá de las facilidades de conexión -que en nuestra casa al final de la tarde tiene problema-, Juan Pablo a partir de su experiencia en la utilización de algunos  cuadros notables de pintores y artistas reconocidos, nos fue ayudando a ver, con el apoyo de textos bíblicos, de los EE. y de una mirada detenida de cada cuadro, cómo podrían ser utilizados para la propuesta de los EE, desde el tiempo de preparación a los mismos como en las distintas semanas, ya en la experiencia en sí. Un recurso bello que realmente ayuda.

Comentábamos con Enaceyla que a lo mejor era preciso tener en cuenta el tipo de ejercitante al que iba dirigida la experiencia, pues no todo el mundo tiene una sensibilidad tan educada para el arte. Sin duda que, a quien le gusta la pintura y el arte puede ser una muy buena herramienta de ayuda para poner en contacto, a la creatura con el Creador.

Nos gustó algo muy bonito que expresó Juan Pablo y fue cómo él, primero oraba antes sobre el cuadro a proponer sin forzarlo, se iba dejando llevar por él; luego, como le gusta la historia del arte, iba a las explicaciones del cuadro y, si le ayudaba, se animaba a compartirlo, consciente de que para algunas personas funciona y para otras, no. Entonces, se trata de dejarlo pues bien nos recuerda San Ignacio, que tanto cuanto hemos de usar de los medios cuanto ayuden para el fin que se pretende.

Otra cosa que me gustó mucho fue, cómo se puede encontrar en la vida de tantos artistas su profundidad existencial, su humanidad que de alguna manera compartimos de base todos los seres humanos y cómo muchos de esos pintores, nunca se imaginaron que sus obras podrían abrirnos a generaciones posteriores en el campo imaginativo, para ayudarnos orar en la experiencia de los ejercicios. 

Pues “es una gran verdad que, todo puede ser espiritual en el sentido más profundo y correcto del término y, a un nivel que muy poca gente sospecha. Es decir: verdaderamente todos nuestros actos, si hay en ellos una devoción (o concentración, o amor, como queramos llamarlo) y una entrega, un desaparecer o morir en ellos, puede decirse que “son plenamente espirituales”, es decir, están tocados por la bienaventuranza y la inocencia.

Podemos decir incluso, que es como si no nos pertenecieran del todo. La pintura, desde luego, muy a menudo alcanza, incluso a pesar del pintor, ese nivel de entrega y devoción… Me refiero a ese voluntario intento de representar lo trascendente. Es decir, que todo el anhelo del pintor se centra, de una manera u otra, en esa búsqueda y la belleza de la pintura que surge por lo tanto en función de ese anhelo.

En este sentido, puede decirse que la pintura oficialmente religiosa o de tema religioso, aun cumpliendo bien su función decorativa o incluso como soporte de la devoción, no pasa algunas veces de ser superficial y convencional, mientras que, por otra parte, mucha pintura digamos “casual” o aparentemente mundana (y desde luego oficialmente no religiosa), alcanza sin embargo esa elocuente intensidad y hondura espirituales”. Fue lo que logró demostrarnos Juan Pablo en este interesante encuentro formativo.

Hna. Teresa Ramírez FI
Bogotá - Colombia
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