Mary Mae Santorce

El mes de Ejercicios Espirituales es una de las experiencias más significativas en Noviciado. Del  27 de julio al 30 de agosto de 2018 hice mi experiencia junto con mis seis compañeros:  cinco novicios Jesuitas y una hermana juniora de la Congregación Teresianas de Osso. Se realizó en la de  Casa Retiros Santos Mártires, que tiene la Compañía de Jesús en la Ciudad Limpio de Paraguay. Estuvimos acompañados por nuestros  formadores. Yo por la Hna. Iris Altagracia González, el novicio paraguayo  y la hermana teresiana por el  Padre Oscar Martín SJ  y los 4 novicios de Argentina-Uruguay por el P. Juan Carlos Suárez, SJ Formador de Argentina-Uruguay. 

Cada día teníamos cinco tiempos de oración y el examen de cada oración que nos ayudaban  a estar abiertos a la guía del Espíritu. Los frutos del Principio y Fundamento y la primera semana me recordaron que Dios es la raíz de mi vida y que aunque me aleje de mi origen, cuento con la misericordia y compasión de Dios que me hace sentir que soy  pecadora perdonada.  La segunda semana de ejercicios entramos en la vida de Jesús en Belén, Nazaret y Jerusalén. Es una semana que está llena de diferentes emociones y sentimientos al mismo tiempo, me permitió volver a mi pasado y contemplar mi propia historia que y sentía cómo Jesús fue quien experimentó en mí todo lo que El me quiso regalar (Dios hace experiencia en mí…) Aunque la segunda semana fue muy agotadora y hubo momentos de desolación, los  frutos no han tenido precio, especialmente la curación de mi herida. Y me llamó la atención el Jesús de Nazaret que se hizo hombre para compartir su vida y darme la libertad.

Para la tercera semana entramos en la pasión y la crucifixión de Jesús, que es el tercer grado de amor. Entré también en mi propia crucifixión en la vida, estaba llena de emoción contemplando a Jesús que llevó mi propia cruz y el sufrimiento del mundo. Jesús que murió para salvar a la humanidad de los pecados y vive del amor a la voluntad del padre. Después de la tercera semana, entramos en la cuarta: la resurrección de Jesús y (contemplación para alcanzar el amor). Es una semana en la que también resucité, traigo el amor de Dios que recibí. Recogí todas mis experiencias y los frutos estuvieron llenos de alegría, esperanza, consuelo y la fe en Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La resurrección de Jesús también es la  mía,  esta experiencia significativa porque Dios es amor que vive y trabaja por mí.

Este  mes de silencio me enseñó:

  • La simplicidad de la oración, cómo escuchar el llamado del espíritu, la contemplación que realmente me ayudó a entrar en mi oración para ver a las personas, lo que están haciendo, escuchar lo que están hablando.
  • La importancia del silencio en la oración especialmente en la formación del noviciado.
  • El discernimiento del Espíritu que guía en la toma de decisiones y la responsabilidad que también se comunica con el mundo real.

¡Estoy llena de agradecimiento!  

 

 

 

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