|
Quiénes somos
Somos un grupo de mujeres que hemos
llegado a encontrarnos por caminos diversos. Diferentes por origen
familiar, por cultura, gustos y edades, tenemos, sin embargo algo
que nos une: deseamos seguir a Jesús en respuesta a una llamada
que cambió nuestra vida y que ha ido trasformando nuestra manera
de entender toda la realidad.
Nos llamamos Hijas de Jesús.
Este nombre significa para nosotras tener mucho que ver con Jesús,
ser de su grupo, pertenecer a su comunidad, seguirlo como
discípulas. Ser Hijas de Jesús es estar con Él, contemplar la vida
con su mirada, intentar vivir como Él vivió, tratar a la gente
como Él la trató, escuchar, perdonar y levantar a las personas
como Él lo hizo, buscar con pasión, como Él, que se cumpla lo que
Dios quiere para este mundo, su sueño sobre la humanidad.

Nuestra familia religiosa se siente
especialmente llamada a vivir una actitud filial hacia Dios como
Padre, caracterizada por la confianza, la seguridad en su amor
incondicional, la alabanza. Ese rostro de Dios que contemplamos
nos invita a la fraternidad con todos, la gratuidad, la sencillez,
la alegría.
Nos dedicamos a la educación en sus
múltiples formas. Creemos que este es un modo de anunciar a todos
la Buena Noticia. Nos mueve el deseo de actuar con cada persona
como Jesús lo hizo, ayudándola a crecer desde dentro, rescatando
en ella lo mejor de sí misma, dando una mano para que se ponga en
pie quien estaba encorvado, vea quien no podía ver, hable quien no
tenía la palabra, encuentre respiro quien estaba oprimido bajo
cualquier carga, pueda caminar por sí mismo quien no tenía
libertad.
Ser Hijas de Jesús es estar
dispuestas para ir a los pueblos o grupos humanos más necesitados
de educación en cualquier parte del mundo, allí donde podamos
promover la gloria de Dios y el bien de nuestro prójimo por encima
de nuestro propio bienestar. Es insertarse con actitud fraterna y
dialogante en cualquier cultura, compartir con nuestros hermanos y
hermanas la humanidad que nos es común, acoger nuestros límites y
los límites ajenos, sentir la necesidad de dar de lo nuestro y
recibir de los demás.
María ocupa un puesto especial en
nuestra vida de fe. Ella es para nosotras la madre, la compañera,
la estrella que orienta en el camino, la creyente que proclama las
grandes obras de Dios realizadas en los pobres y pequeños, la
discípula que nos enseña cada día cómo permanecer en el
seguimiento de Jesús.
La comunidad local es el espacio que
se nos ofrece como don de Dios para vivir en lo concreto las
experiencias que hemos tratado de describir. Es un lugar donde se
comparte, se ora, se renueva la llamada y la misión común, se
alcanzan fuerzas en la contemplación de lo que sucede cada día y
en la ayuda mutua. Es a la vez una casa abierta para quienes
desean un momento de oración, de intercambio, de búsqueda conjunta
o de sosiego.
De este modo nuestra congregación,
que nos gusta definir como un solo cuerpo disperso por la misión
en distintas partes del mundo, vive y palpita en cada grupo de
Hijas de Jesús convocadas, precisamente para la misión, en una
comunidad local.
La fundadora
de la
Congregación de las Hijas de Jesús
Juana Josefa Cipitria y Barriola
nace en Andoain (Guipúzcoa) el 31 de Mayo de 1845 de una familia
humilde. Siendo aún joven, deja su tierra para ir a trabajar a
Castilla con el fin de colaborar en la economía familiar.
Dotada de una gran sensibilidad hacia los más necesitados, las
situaciones de cuantos viven cerca no le son indiferentes. Por eso,
incluso con el riesgo de quedarse sin trabajo, dirá “donde no hay
sitio para los pobres no hay sitio para mi”.

--------------------------------
El altar de la Sagrada Familia en la iglesia del “El Rosarillo”
--------------------------------------
Su deseo de hacer lo que Dios quiere
es el único motivo que mueve su vida. El 2 de Abril de 1869, en la
iglesia del “El Rosarillo” en Valladolid, ante el altar de la
Sagrada Familia le pide al Señor una vez más que le aclare cuál es
su voluntad y Dios con mayor claridad le expresa su deseo:
“fundar una Congregación con el nombre de Hijas de Jesús,
dedicada a la salvación de las almas, por medio de la educación e
instrucción de la niñez y juventud”.
Será en Salamanca, el 8 de Diciembre de 1871, cuando con otras
cinco mujeres comience su aventura, sólo con la confianza que
da el saber que lo que emprende es “lo que Dios quiere”. De esta
manera y con el nombre de Cándida María de Jesús, esta
mujer de poca cultura y pocos medios materiales funda la
Congregación de las Hijas de Jesús en una de las ciudades
universitarias más importantes del siglo XIX.
La exclusión de la mujer y de las clases económicamente débiles de
los ámbitos de la enseñanza mueven a la Madre Cándida a iniciar
este camino. Y muy pronto lo que comenzó en Salamanca se extiende
más allá de España, haciendo realidad su sueño: “Al fin del mundo
iría yo en busca de almas”.
El 9 de Agosto de 1912 muere en Salamanca la Madre Cándida, mujer
sencilla y valiente que hizo de su vida una constante entrega a la
voluntad de Dios. La Iglesia la beatifica el 12 de Mayo de 1996.
Hoy, la Congregación está presente en 16 países, al servicio del
prójimo y con especial atención a los más necesitados.
|


La fundadora
|