El martes 7 de noviembre comenzó oficialmente, en San Sebastián, la Última Probación para 14 Hijas de Jesús de siete países diferentes. «La Última Porbación es uno de esos tiempos en que una "comienza de nuevo", a partir de Dios y con los pies en la tierra. Hoy conocéis mejor la Congregación, el mundo al que sois llamadas a evangelizar... eso quiere decir con los pies en la tierra». Estas fueron palabras de la consejera general Clara Echarte que acompañó al grupo en este día tan significativo, con Graciela Francovig, como instructora, e Inés Ma, como traductora.

El grupo comienza esta experiencia haciendo un recorrido por los lugares más significativos de la Madre Cándida y precisamente ayer disfrutaron en Loyola. Clara Echarte ayudó a estas hermanas a centrarse en lo esencial y más importante: ponerse a disposición de Dios, con una postura activa y responsable para acoger de nuevo la vida y entregársela en totalidad y para siempre al Señor. «Este tiempo de UP queremos que sea experiencia personal, momento de vivir sólo del amor del Padre», les dijo, recordando una pregunta que el Papa hacía a todos los consagrados con motivo del año de la vida consagrada: «Jesús, ¿es realmente el primer y único amor, como nos lo propusimos cuando hicimos los primeros votos?».

Tras destacar la importancia que tiene en el mundo de hoy "la última" probación, porque hoy «hay que probar de todo y seguir y seguir probando buscando aquello que más satisfacción me da en cada momento», fue desgranando explicando el número 151 del Plan General de Formación (PGF): "Participan en la última probación aquellas hermanas que, después de las probaciones anteriores, muestran suficiente madurez humana y espiritual como para poder aprovechar bien este tiempo de preparación para su incorporación definitiva. Del mismo modo se espera que su discernimiento vocacional esté ya concluido y pueda darse, en este momento, la confirmación en la opción hecha". Por eso, Clara Echarte insistió en que es un tiempo para que «la experiencia de la UP pase por mí y eso exige salir continuamente de mí y preguntarme ¿esto es lo que Dios quiere para mí? (...); es un tiempo para insistir en la escuela del afecto (...), un tiempo de mirar con realismo a la Congregación y a vosotras en ella (...), un tiempo para retomar de nuevo vuestra vida y conscientes de la Congregación que somos hoy acoger el reto de seguir creando eslabones que hagan que la Congregación, que el Espíritu que inspiró el carisma a la Madre Cándida, continúe vivo, continúe generando vida (...); y es un tiempo para acercaros a la Madre Cándida de manera nueva». Por último, invitó a estas 14 Hijas de Jesús de 7 países a aprovechar la riqueza cultural: «El carisma se expresa en cada cultura. Ninguna cultura es mejor que otra para expresar el carisma, para vivir la vocación».

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