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viernes, 20 de septiembre de 2013
PROYECTO SÍGUEME: Experiencia de Alicia Cuesta en Bolivia

Hace un año, desde el equipo de PJV de la provincia, lanzábamos esta propuesta. (ver víeo más abajo). A esta propuesta respondieron Alicia, Laura, Fabiola y Natalia. Hemos tenido cuatro encuentros desde diciembre hasta junio. La parte principal del proceso del proyecto consiste en ofrecer una experiencia de ruptura para favorecer el encuentro con el Dios de Jesús y el entender la vida en clave de agradecimiento y generosidad, desde el contacto con los excluidos.  En agosto, nos fuimos a una realidad muy distinta y desconocida para nosotras: Bolivia. Sobre todo hemos estado en Buen Retiro, cerca de Cochabamba. (El proyecto no concluye aquí, todavía nos queda un encuentro  y también unos días de Ejercicios Espirituales. Pero de eso, os contaremos en otra ocasión.)

 

 

 

 

Hoy os ofrecemos el testimonio de Alicia Cuesta:

 

Es difícil plasmar en palabras la experiencia que hemos vivido durante el mes de agosto en el Internado de las Hijas de Jesús en Buen Retiro, Bolivia. Era un 31 de julio cuando nos encontramos todas en Madrid. Cada una veníamos de un sitio diferente: Burgos, Madrid, Elche y Segovia y con una historia a nuestra espalda, dispuestas a iniciar la aventura. Las ganas, en mi caso, no acompañaban demasiado, pero fue pisar el país y en seguida se transformaron en deseos de quedarme allí y no quererme marchar.
 
Nuestra llegada a Bolivia, después de un viaje con algún que otro percance, fue estupenda. Todas las Hijas de Jesús nos acogieron como si fuésemos de la familia. Durante todo el mes nos han cuidado y mimado, tanto que hasta han conseguido que lo difícil pareciera algo más fácil. Hasta en los momentos de enfermedad, en mi caso han sido parte importante de la experiencia, (con visita al Hospital incluida; al fin y al cabo de una ciudad hay que conocerlo todo, que sino parece que la visita se queda a medias), han conseguido que la dureza de estar fuera de casa y en otro país, fuese más llevadera. Los muchachos del internado fueron amorosísimos. Al principio, como son muy tímidos y reservados, no se atrevían a hablarnos, pero con el paso de los días empezaron a perder la vergüenza y ya se iban atreviendo a preguntarnos cosas, a pedirnos ayuda con las tareas, bromeaban con nosotras… Nosotras íbamos aprendiendo nombres y estrechando lazos con ellos, lazos que hicieron que se nos escapase alguna lágrima en la despedida.
Nuestra labor durante el mes consistió en ayudar a los profesores del colegio de Fe y Alegría durante las mañanas, en sus clases. En mi caso, por ser de ciencias, estuve con los profesores de física, química y biología y por las tardes ayudábamos en el internado con las deberes del cole, algún día hemos ido a la huerta, ayudamos con las cosas de cocina, hicimos juegos… sin olvidar los momentos que a lo largo del día compartíamos con las hermanas y entre nosotras risas, charlas, cantos… También me tocó en algún momento ejercer como fisioterapeuta, incluso de  enfermera, con puesta inyecciones incluida, pero como diría San Ignacio “en todo amar y servir”.
No podemos olvidar que hemos estado en el mes de las fiestas patrias. Hemos asistido a desfiles para celebrar la Independencia, muestras de bailes regionales, izadas de bandera con su correspondiente himno, del que al final conseguimos cantar alguna que otra estrofa, hemos vivido  la Entrada de la Virgen Quillacollo y hemos participado en la Entrada de Capinota con  nuestro querido Tinku (baile típico de Bolivia), que al principio se nos resistía y al final también, pero nosotras pusimos todo nuestro amor y ganas para bailarlo.
El sentimiento que me aflora al recordar este mes es de profundo agradecimiento; agradecimiento a Dios por todo el bien recibido, porque nos ha acompañado y se ha hecho presente en esta experiencia. Y agradecimiento a todas las personas, tantos rostros, que han hecho posible este mes, sobre todo a las Hijas de Jesús por su cariño y acogida.

Buen Retiro Comunidad


Baile del Tinku en las fiestas de la Virgen de Urkupiña

Elaborando la masa para hacer el pan en el internado