lunes, 03 de mayo de 2010
El PODER DE UN SUEÑO EN LA M. CÁNDIDA

La M. Cándida tuvo un sueño en su corazón, la santidad, para ella, para las Hijas de Jesús, para sus familiares, para las alumnas, y para todos a quienes conocía y amaba.

En casi todas sus cartas a las Hijas de Jesús expresa este deseo “Sabe la quiere muy santa y la bendice su madre, humilde sierva en Cristo…”

Este fue el único ideal de su vida, aquello para lo que nació, “ser verdadera Hija de Jesús”, y lo va poniendo nombre - “imitando sus virtudes”-, sin olvidar su deseo de totalidad, de radicalidad, agradando en todo al Padre -”no disgustar en lo más mínimo a tan buen Padre, porque en El todo lo tenemos”. (CMF. 13); viviendo siempre en su presencia “No separarnos nunca de su presencia” (CMF 464); siendo toda de Dios “que sea toda suya” (CMF. 9)

Un sueño, una santidad que es obra de Dios - “En Jesús todo lo tenemos” (CMF 13) “Dios puede hacer todo y en Él tengo puesta toda mi confianza” (CMF 118), sin olvidar nuestra participación en este proceso— “Si somos buenas, Dios nos hará santas” (CMF 129)

Su sueño la empujó, desde muy niña, a emprender el viaje a la santidad, en medio de incertidumbre, dolor, dificultades, pero con la firmeza que la da el saber, que es Jesús quien la guía y hacia dónde la encamina.

Algunos gestos con los que iba concretando su proyecto de santidad:

  • La cercanía amorosa a María: “En Tolosa ¿podría escaparme de casa, aunque la puerta estuviera cerrada, andando despacito y en puntillas, para encontrarme con María en el monte?”. (1)
  • El amor tierno a sus hermanas: ante la muerte de María Francisca nos cuenta: “Empecé a saber lo que me habéis oído repetir: “La Hija de Jesús sin padecer, no puede ser”. (2)
  • Sus sentimientos de solidaridad, compasión y ternura con los más necesitados “me duró poco el vestido que mi madre me hizo para el bautismo de mi hermana porque con aquella preocupación que desde pequeña me causaban los pobres, cogí el mío y se lo regalé a una niña desarrapadita, que se puso contentísima” (3)
  • La fidelidad al amor prometido “Veía muy claro que tenía que defender los derechos de Dios sobre mí y ser fiel a una promesa hecha, aunque no tenia nada claro sobre el dónde y el cómo” (4)
  • Supo con claridad, desde joven cual era su sueño, por eso pudo resolver, con firmeza, “Yo soy sólo para Dios” y mantuvo este deseo buscando con oración y penitencia que Dios le confirmara su voluntad.

Este sueño fue para ella como una brújula, que le señalaba el norte, por eso supo que la voluntad de Dios era la señal inequívoca de su actuar y empleó todos sus dones y talentos para discernirlo en todo momento. “Estoy siempre dispuesta y preparada para hacer la voluntad de Dios en todo y para todo” (CMF. 64). “Que no piense ni haga cosa alguna que sea contra su divina voluntad” (CMF: 9)

“De él me venían muchos ánimos para ser fiel a Dios… y de Dios una fortaleza inquebrantable para aceptar su voluntad a cualquier precio” (5)

Cándida María comienza a ver su camino bajo una nueva luz y avanza y crece hasta alcanzarlo. Todo era para ella una oportunidad, un recurso, un aprendizaje en dirección hacia su sueño, seguir a Jesús, conocer su voluntad y cumplirla.

El mundo de un ciego está limitado a lo que toca; el mundo del ignorante queda dentro de los límites de su conocimiento; el mundo de una gran mujer, Cándida María de Jesús, no conoce límites porque tampoco los tiene su visión. Su visión —su sueño— fue grande, y grande fue también su potencial para alcanzarlo.

Su sueño la dio una fuerte esperanza en el futuro y confianza total en el momento presente. Le permitió priorizar lo que le conducía al fin, conocer lo que tenía que renunciar, discernir cada cosa que hacía, con total indiferencia, practicando el “tanto cuanto” de S. Ignacio.

La M. Cándida sabía muy bien lo que le acercaba más a ese sueño y también lo que le alejaba de él. Las tareas menos interesantes cobraban para ella todo el valor, se convertían en pieza clave, en peldaños hacia la santidad.

La M. Cándida no fue espectadora, esperando que todo le saliera bien, tomaba parte activa en la realización de su proyecto de santidad, segura de que El completaría en ella la obra por El comenzada.

M. Cándida, nosotras, Hijas de Jesús del 2010, confiamos en Jesús y en tu cariñosa intercesión para hacer realidad nuestro camino hacia la santidad .

Remedios García FI, Colombia

Notas:
1. Donde Dios te llame, P. 16;
2. Ídem. P. 17;
3. Ídem. P. 18;
4. Ídem. P. 24;
5. Idem. P. 146