| lunes, 22 de febrero de 2010 |
| “SI SOMOS BUENOS, DIOS NOS HARÁ SANTOS” |
| Por Anna María Cinco, ante la canonización |
“Si somos buenas, Dios nos hará santas”(1). La M. Cándida lo dijo con mucha fe. Ahora vemos confirmada esa fe. ¡Cómo deseaba la santidad!, para ella misma, para las Hijas de Jesús, para sus familiares, para las alumnas, y para todos a los que conocía y amaba (2). En casi todas sus cartas, se expresa este deseo, y en las cartas a las Hijas de Jesús, la M. Cándida casi siempre firmaba así: “Sabe la quiere muy santa y la bendice su madre, humilde sierva en Cristo…” Se refiere al mismo deseo al hablar de la vocación de las Hijas de Jesús: “Verdaderamente, que bien podemos estar agradecidas por el grandísimo beneficio que nos hizo el Señor llamándonos a esta nuestra amada Congregación, para que seamos sus hijas y esposas queridas y salvemos muchas almas para el cielo. Sí, hija mía, para esto nos llamó, éste es nuestro fin: enderezar y formar estos corazoncitos para Dios, enseñándoles a ser muy devotos de la Purísima, nuestra Madre querida, y del Sagrado Corazón de Jesús; que le amen mucho y se encomienden todos los días muy de veras a ellos. De estas niñas pueden salir unas grandes santas que den mucha gloria a Dios (3). Nosotras somos los instrumentos para llevar estas almas al Señor, y está bien que le pidamos acepte nuestra vida, trabajos y sacrificios; pues, aunque nada valen, uniéndolos... con los de Jesucristo, son de un valor infinito” (4). Y en el último año de su vida, escribe a una hermana, “La santidad..., es a lo que debemos aspirar siempre mientras estamos en esta vida” (5). Si pudiera hablar con nosotros hoy, diría lo mismo, a las Hijas de Jesús, a los alumnos y las alumnas, a sus padres y a sus profesores, a los laicos colaboradores, a los amigos y bienhechores, a sus familiares, a todos. Alguien dirá, “Pero no es fácil”. Claro que no es fácil, no lo es cualquier gran empresa. El Papa, hablando sobre la Cuaresma, dice: “Podríamos decir que es un tiempo de 'competición' espiritual que hay que vivir con Jesús, sin orgullo ni autosuficiencia, más bien utilizando las armas de la fe, es decir, la oración, la escucha de la Palabra de Dios y la penitencia” (6). Ciertamente vamos a fallar a veces. Pero la M. Cándida nos anima, “si nuestra fragilidad nos hace cometer alguna faltas, humillándonos en la presencia de Dios, nos levantamos, y, animadas, emprendemos de nuevo nuestra carrera, porque nuestra vida es una continua lucha; pero, con la gracia de Dios, venceremos” (7). Teniendo a la M. Cándida como compañera de nuestro camino, nos daremos cuenta mejor, que es posible acoger la llamada a la santidad y hacerla propia. Nos animará su ejemplo y la certeza de que tampoco a nosotros se nos pide una respuesta que supera nuestras fuerzas, sino una respuesta según los dones que Dios ha dado a cada uno de nosotros. Caminemos y trabajemos juntos como familia, en su compañía. En este gozoso momento en que miramos con mucha ilusión hacia la canonización de la M. Cándida, ¡qué significativos son las palabras de una persona que habla desde la sabiduría y la experiencia! “el fruto principal... de toda beatificación o canonización es la gloria que con ella se da a Dios y, a la vez, la gran cantidad de ‘milagros morales’ que la acompañan. Traen siempre consigo una oleada de gracia, que empuja a la conversión, a la fidelidad, a la búsqueda sincera de la santidad, a ponerse sinceramente ante Dios para saber qué quiere de nosotros, sabiendo que su ayuda nunca nos faltará y que contamos también con la intercesión de los santos” (8). ¡Abrámonos a esa oleada de gracia! Roma, 22 febrero 2010 (1). “Yo también pedí por Vds. en mis pobres oraciones con todo mi corazón, pues mucho deseo que todas seamos santas, y esto está en nuestra mano. Sí, hija mía, sí; si somos buenas, Dios nos hará santas, ...” (C 129, Carta autógrafa a la H. Joaquina Gómez Lomba, 7 septiembre 1897) |
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